Andas
conmigo,
como la
brisa de nuestros montieles,
lastimando
la soledad y el olvido.
Te llevo
en la voz,
cada vez
que la emoción y el llanto
me
abrazan a los rostros conocidos.
Viajas
con mis desafíos,
cuando
las sombras antiguas
se
empeñan en sepultar la luz.
Por eso
definirte,
a pesar
de la distancia
y los
interrogantes que nos duelen.
Por eso
puedo besarte
en los
regresos de la lluvia,
mientras
la tarde se muere de piedad.
Eres la
pasión y el grito,
que
encienden todas las auroras
de un
octubre que canta.
Eres el
rincón callado
donde
vive la ternura,
y
florecen las caricias del sol.
Y eres,
por encima de mis ojos,
una
nostalgia azul
que
persigue mi boca.
Autor:Roberto
Romani

No hay comentarios:
Publicar un comentario